Forúnculo 1

Mi padre nos ayudó muchísimo; trabajaba en RENFE. Mamá, en casa, se encargaba de nosotros. Éramos tres hermanos y todos, llegamos a sacar una carrera: uno ingeniero industrial, otro empresario y yo filosofía. Mis hermanos no querían seguir viviendo en el campo, además estudiamos en la ciudad, Salamanca y allí se querían quedar a trabajar y vivir. Mis padres decidieron que la casa les daba muchos problemas, tenía una arquitectura de maestro de obras. No menosprecio a estos profesionales, solo que, para ir a tu cuarto, tenías que pasar por las cuadras. Parece una exageración, pero no lo era. El cuarto de mi hermano, Jesús, estaba en la cámara, la de julio, al lado de la cocina, la de mis padres, pegando al salón comedor: Había también, dos cocinas, el baño en el patio. ¡Vamos un desastre de distribución! El verano se soportaba bien, en invierno, antes de llegar al baño, la vejiga no respondía, se había congelado.
Quizás la hornada de jóvenes del 2000, pedíamos demasiado, o no. Quizás siendo conscientes de que solo era una casa de labradores, no hubiéramos sido tan exigentes.
El caso fue que mis padres se compraron casa en la ciudad de Salamanca y marcharon junto con mis hermanos. ¡Nadie quería la huerta! ¡Yo sí!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *