Forúnculo 150

Pido que pase la escobilla después de defecar, que no deje las reminiscencias mal olientes a perpetuidad. Que se duche antes de meterse en la cama. Que no se toque las glándulas seminales y se huela delante de mí y que no se mee en la ducha. Pues…

Hace ¡todos los días de Dios, lo mismo! ¿Queréis que siga? Y es ingeniero de montes, no ha salido de un corral de cabras. Siempre que estoy con él, me pregunto, ¿por qué le quiero?

–Amatista, ¿soy Lucífera? ¡Soy una Santa! Lucifer era la viva inteligencia ¿O no? El hombre mío solo sirve para tenerla en pie, el tiempo que la necesito. No deseo seguir hablado, porque me quemo la asadura. O ¿era las vestiduras? Da igual.

– ¡Oye chicas, por favor!, dejad de reír y cambiemos de tema o acabaremos mal. Somos madres, estamos a tiempo de desarrollar la mente de nuestros hijos con la buena educación.

– ¡Ja! ¿Y qué les decimos?, que no se toque los testículos y se huela las manos

– Sí, por ejemplo, Turmalina, entre otras cosas.

– ¡Sí, lo hacemos todos los días!

– ¡Que risa! Os escucho y me tiemblan las piernas. Lo mejor es que hagamos un viaje al Japón y nos compremos un tío de Lates y ese es todo el gasto que vamos a tener. Os recuerdo que el sexo está en la mente… y luego, los obreros para el mantenimiento de la casa. Mamá, van cuatro complicados años, aguantando una situación matrimonial condenada al fracaso, y tú sin enterarte. ¡Lo siento!, pero casi nadie lo sabe. Ni mis hermanos, bueno, ellos menos. Ni mis amigos… ¡Eh!, las hermanas del secretillo, sí. No puedo más.

– Hija, a los hombres hay que aguantarles un poquito sus manías. Javier seguro que te soporta las tuyas.

– Madre, me es infiel, ya no se corta, viaja cada día más, le he escuchado practicar sexo por el ordenador y no he sido capaz de entrar y decirle: ¡Qué te estoy escuchando, tarado!

Publicado en Redes Sociales del 3 al 9  de enero


continuará


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