Bienvenid@ al mundo Kakaimato

La tribu del Meningococo te desea que seas feliz

He sido adoptado y por el momento se me quiere, dejaré que se relaje y estudiaré la forma de penetrar en su hígado, pero con buen rollito.

 

Mi hijo KaKaimato

 

Nació como ente tangible, en un momento de placer del pensamiento: como todo hijo.

El deseo era tan grande, de poderlo acariciar, besar y abrazar que solo tuve que buscar unos tejidos blanco, azul, negro y comenzar crear y darle vida. Al principio me costó identificarlo con un virus de rasgos japoneses, tal y como había nacido meses antes en un cuento, del mismo nombre: Kakaimato. Tuve que darme mucha prisa en crear el patrón de su soma para que no se saliera de mi frente. Comencé por sus ojos, su ceja ancha, sus patitas, orejas y colita. A continuación el gracioso cuerpo, rechonchete, boca carnosa y lengua rosa.

Me puse manos a la obra, con aguja, hilos de colores, tijeras mágicas, dedales y la mente de madre amorosa y creativa.

«Como cualquier madre eché mis lágrimas, lágrimas de alegría y felicidad»

Poco a poco, con millones de pespuntes, enebranamientos, descoses, fotografías psíquicas y mucha paciencia con la que ir dando forma a esa nueva criatura que la trajese a ver este mundo.

Dos noches, me llevó la gestación, hasta poder tener a mi Kakaimato entre mis brazos, poderlo abrazar y besar. Como cualquier madre eché mis lágrimas, lágrimas de alegría y felicidad.

Le presente sus orígenes, a sus otros hermanos que habitaban en el cuento, pero se sintió solo.

¡Dios! ¿Qué hacer para que no se sintiese así? ¿Qué quieres? –le pregunté-, Hermanos con los que jugar a la vida- contestó. -No me lo pensé, y me cogí noches sin dormir, y en las que crear hermanos que compartiesen este mundo con Kakaimato y Kakaimatas  azules, blancos, amarillos y rosas,  rojos, verdes, negros y más  más y más y más y…   

 Así hasta poder ver y sentir a mi Kakaimato feliz con su familia.

«No es igual una Kakaimata que un Kakaimato, no transfieren las mismas vibraciones y motivaciones a quienes les adoptan y se responsabilizan de su bienestar»

¡Ningún virus es bueno!… Esto es arriesgado afirmarlo, yo solo sé. Hay algo muy importante que los diferencia y es la inteligencia o intelecto que cada uno de mis hijos posee. Además no es igual una Kakaimata que un Kakaimato, no transfieren las mismas vibraciones y motivaciones a quienes les adoptan y se responsabilizan de su bienestar y en definitiva de amarles.

 Shiva Castellanos

CONOCE A LOS KAKAIMATOS

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Kakaimato, el grito de una intención

Kakaimato, alias… “El Bacteria Meningocócica” es un virus muy especial y confío en que, a través de él, aprendas mucho y te puedas hacer una idea de su poder y resistencia. ¿Tendrán sentimientos nuestros virus?¿Son inteligentes los virus?¿Qué nos diría un virus si pudiese comunicarse con nosotros verbalmente? ¿Puede haber otra forma de ver el mundo vírico?